La continua transformación

El ser humano tiene la condición de ir aprendiendo a lo largo de su vida, como es la función de todo ser vivo. Desde que nacemos tenemos el ansia de aprender para mejorar, para no caer en los mismos errores, sobre todo con aquellos con los que sufrimos tanto.

Vivir la vida sin ese continuo aprendizaje sería muy difícil, sería como no tener conciencia, como vivir sumisos a la voluntad de alguien; siendo marionetas. Puede que esto nos ocurra en ocasiones o nos dé esa sensación pero, interiormente, vamos aprendiendo de cada una de estas situaciones que consideramos muy difíciles.

El lenguaje nos dota de la capacidad de comunicarnos y quizás es el arma más poderosa que tengamos todos a nuestra disposición. Podemos utilizar el lenguaje con los demás y con nosotros mismos para bien o para mal, aunque no sea intencionadamente, y nos ayudará el amor y bondad que reside en nuestros corazones para llegar a un buen uso del lenguaje, tanto verbal como de gestos.

Cuando la vida nos va mostrando grandes lecciones acompañadas de dolor, tendemos a verlas como “fracaso” o “mala suerte”; a esconderlas pues creemos que nos hacen débiles ante los demás. Sin embargo, son esos “fracasos”, esos “errores” los que harán que tengamos la posibilidad de mejorar, de ser mejores personas: con nosotros mismos y con los demás.

Aprendemos muchos conocimientos a lo largo de nuestra vida, ese “ansia” de saber nos lleva, en muchas ocasiones, a exigirnos y compararnos, a una fragilidad emocional. El auténtico conocimiento está en experimentar con nosotros, en nuestro interior; así como es la búsqueda de lo que realmente queremos, de afrontar nuestros miedos, de sentir nuestro ser.

Conociéndonos podemos moldear aquello que no nos gusta, que no nos conviene y sentirnos mejor. Aprender con nosotros, mirando hacia adentro; es la esencia de nuestra vida, junto con la suma de nuestras experiencias.

 

Montse Aguilera Ruiz  (Abril 2017)

 

La continua transformación

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